martes, 20 de diciembre de 2011

La Gloria, esa vieja conocida...

Camaradas y fieles al Red Army.
Una vez más, estamos de celebración. Tras un largo periodo de paz en el que el enemigo aprovechó para rearmarse, las hostilidades volvieron al primer plano.


Hemos sido testigos de dos grandes conflictos de escala global en menos de una semana.


El primero, donde se enfrentaron las tropas verdes y las azules en un intento vano de adueñarse de la hegemonía mundial, resultó en un triunfo digno del mejor ataque estratégico visto en mucho tiempo.
El enemigo no se lo esperó en ningún momento.
La distracción sobre los territorios debilitados de Centro Europa junto a la reclusión de tropas en Oriente Medio, permitieron tiempo y recursos para la conquista de los 24 territorios (misión difícil, por otro lado, pero no imposible). La fortuna quiso que los territorios débiles (aquellos con un único batallón) estuvieran poco más que "en fila", tras un "tapón" inicial que poco podría mermar nuestra ofensiva.
El enemigo vio caer la Furia Roja sobre su territorio como la arena de la playa ve venir la marea, imparable, ejecutoria, decisiva, final.
Africa oriental cayó, seguida del norte de América y los territorios europeos.
Y las voces clamaron victoria por toda la tierra.


Poco tiempo después, las nuevas tensiones internacionales reagruparon nuevos grupos, superiores en número.
Contábamos con otras cinco potencias enfrentadas entre sí, en pos de un objetivo individual.
Los amarillos, los verdes, los cascos azules, los blancos de Paola y la peste Negra intentaron doblegar al Glorioso Ejército Rojo.
A veces asistimos a los intentos desesperados por conseguir cosas imposibles.
Tras resistir varios azotes provenientes de distintos flancos y sin el apoyo de pactos que nos beneficiaran, las huestes del Zar se sirvieron de las grietas defensivas de sus enemigos, empecinados en agrandar su ego nacional tratando de alcanzar a la Madre Patria, para escurrirse cautelosamente hasta alcanzar la yugular de su enemigo principal, el ejército amarillo, en su momento más débil.
Aun con la fortuna en contra, sin poder reforzar, agotados tras la larga travesía que desde la estepa siberiana y atravesando América del Norte nos llevó a Europa del Sur, hambrientos, sin refuerzos naturales, pero con la moral alta y la vista puesta en el objetivo, nos levantamos y pusimos rumbo a la Gloria, al dolor de la batalla y las lágrimas de la victoria. Y, una vez más, reafirmamos nuestro destino en los anales de la Historia.
Cayó el grueso del ejército en Oriente Medio. Continuamos hasta la India y, tras derrocar a los cascos azules en China, la estrategia, los dados, la voluntad y la determinación, nos dieron la victoria cuando Mongolia, abandonada desde el principio, se rindió a los pies del Glorioso e Invencible Ejército Rojo.


Mors, ego mortis.


Vladimir____