Camaradas, presentes y ausentes.
Vuestro sacrificio ha dado los frutos para la madre patria una vez más.
El Glorioso Ejército Rojo a través de las estepas de nuestra tierra, los océanos del mundo y las campañas africanas, ha demostrado que la Victoria es una amiga.
Ni siquiera esta vez, ante la adversidad, contra unos empeñados enemigos donde se encontraban los cascos azules capitaneados por el italiano General Valenza, las moradas huestes apátridas de filibusteros Agostianos y "le" ejército rosa de la Tierra Media, el ejército Rojo se desmoralizó. Más bien lo contrario: como dicta nuestra natura, ante las mayores dificultades, mayor coraje.
Y obtuvimos nuestra recompensa.
El desenlace pudo haber llegado mucho antes, pero nos encontramos con un obstáculo con el que no contábamos. No, no fue un fallo de estrategia, sino, más bien, un azote de la envidiosa Fortuna.
El Glorioso Ejército se encontró con sus Termópilas particulares. Fue una ardua batalla donde vimos reducir el grueso de nuestras tropas en un primer intento de dominio mundial.
Fue imposible.
La ostentación del continente Austral nos rindió tropas para desempeñar una estrategia de "refuerzo y ataque".
Se hizo esperar.
Mientras tanto, el resto de ejércitos entraron en una dinámica de conquista multicontinental con las consecuentes batallas épicas (batallas de grandes números de unidades en cada bando). Esto no hacía sino motivarnos para el rearme y aprovechar la coyuntura posterior.
Las huestes rosas casi lo consiguen pero se encontraron con el mismo problema que nuestras Gloriosas Tropas. Los informes de inteligencia relataron con detalle las campañas del interior del continente asiático.
Con todo, en un momento decisivo de rearme extra (por tener tropas situadas estratégicamente en los territorios clave), el Ejército Rojo se extendió por Europa, imparable, desde sus posiciones en Egipto, tras un primer desembarco a gran escala que deja a Normandía en segundo término. La campaña europea fue ardua. Muchos nos dejaron en la Gloria de la misma. La conquista sur-este, norte, sur-oeste, definió la estrategia general, desvelando nuestro objetivo que ya, a estas alturas, era difícil de parar.
Nos encontramos con la repetición de las Termópilas, pero la determinación se impuso a la Fortuna, una vez más. Si esa bastarda no nos acoge en su seno, arramplaremos con ella a través de nuestro ímpetu.
Otro desembarco en las costas desprotegidas del Norte de Africa nos brindó la extensión del resto del continente, no sólo conquistando el territorio y alcanzando nuestro objetivo y la victoria, sino que, de forma aplastante, eliminando a los cascos azules y rindiendo la victoria absoluta.
Inter arma, silent Leges.
Vladimir